Una cosa de estas da para rato. Más que interesante ver las reacciones de los niños con algo así.
Hace algo más de una semana fui a trabajar por primera vez al colegio con la cabeza afeitada. Hay más de 300 alumnos en infantil y primaria y otros tantos en secundaria y bachillerato. Algunos me conocen desde hace 5 años y siempre me han visto con el mismo peinado. Pelo más largo o más corto, pero siempre el mismo peinado.
Como si fuera un estudio sociológico, iba armado con una libretita y un bolígrafo para apuntar reacciones y mi lista de explicaciones absurdas. Si hay alguna forma en la que se puede convertir una cosa relativamente normal como un corte de pelo (un poco extremo, eso sí) en un experimento sociológico, es ésta.
Aparte de la gente que en un principio no te reconoce (Modelo "Quién Es El Calvo De Ahí Ostras Es Alberto"), la mayoría de los adultos reaccionan de forma normal. Que si te queda bien, que si te queda peor, cómo se te ocurrió, que si vas a coger frío... Al menos da para un ratito de charla agradable y desenfadada...
Pero los niños...
1. ¿Quién es éste?
Independientemente de la abundancia o falta de pelo y del cambio de look, mido 1.90 y no se puede decir que sea un peso ligero. No debería ser muy difícil de reconocer. Así todo una niña de 3 años me demostró su buena educación cuando me dijo que no me iba a hacer caso porque no me conocía y en su casa le dicen que no haga caso a los desconocidos. Bien por ella. Parecía que me estaba tomando el pelo (chiste fácil) y eso no podía quedar así. Le dije: "Bueno, eso está muy bien, pero como tengo que vigilaros aquí me vas a tener que hacer caso, así que me voy a presentar para que me conozcas. Me llamo Eutiquio". Por supuesto, ella respondió "Mentiroso, te llamas Alberto". Pillada.
2. Invención de Vocabulario.
-¡¡¡Alberto, te calvitaste!!!! (Niño de segundo de primaria)
-¡¡¡Hala!!! Te encalvizaste. (Niña de sexto de primaria)
-¿Eso que tienes ahí qué es, la calvera? (Niña de 4 años)
Impagable
3. Descubrimiento de fobias.
Una chica de sexto de primaria se pasó cuatro o cinco días poniendo la mano delante de los ojos de forma que no me veía la parte superior de la cabeza. Dijo que tenía un vecino calvo que le daba miedo y que tenía "fobia a las calvas". Lo que en principio me pareció el descubrimiento de una fobia nueva resulta que ya existe. La niña supuestamente sufre de peladofobia. No es coña, el término existe. Afortunadamente ya se ha repuesto, de lo que se puede deducir que A) soy un tipo encantador o B) no le pasaba nada en realidad. Escojan su opción.
4. Pequeñas incongruencias.
Supongo que a alguno debí de darle algo de miedo, hasta el punto de afectar a ciertas zonas de su cerebro. No tengo muy claro si fue cosa conceptual o lingüística, pero...
Niño:
¡Alberto!.....
Huy!!!......
te.....
te........
tú.............
tú te............
..........................
...............................
.....................................
¡TE CORTASTE LA CABEZA!
5. Lo bueno, si sencillo, dos veces bueno.
En la entrada anterior explicaba las diferentes explicaciones absurdas que llevaba preparadas. La verdad es que en su mayor parte no tuvieron mucho éxito salvo en contadas ocasiones, pero al menos saque dos anécdotas interesantes.
En un momento dado entré a vigilar unos minutos en una clase de niños de 5 años mientras su profesora aprovechaba para hacer unas fotocopias. Por supuesto, en cuanto la profe se marchó, muchos niños empezaron a decir cosas. "Estás calvo", "No tienes pelo" y cosas así. Me puse muy serio y les expliqué con la cara muy larga que me parecía muy mal que me lo echaran en cara, que había tenido un accidente y se me había quemado parte del pelo. Por eso me lo había tenido que cortar. Había sido muy peligroso y no me parecía nada bien que me lo recordasen. Les eché una pequeña minibronca genérica de minuto y medio y se quedaron todos mudos y con la boca abierta. Tragaron todos.
Por supuesto, acto seguido les dije que era una broma, que me lo había cortado yo. Nos reímos todos un rato y yo me quedé pensando en lo que hubiera pasado si no les hubiera contado la verdad....
Por último se demuestra que cuanto más simple mejor. Un niño de 4 años me preguntó que si me había cortado el pelo y le contesté que no, que me lo había dejado en casa.
N: ¿Te cortaste el pelo?
A: No, me lo dejé en casa.
N: Anda, mentiroso. Te lo cortaste.
A: Que va. Ya verás. Mañana lo traigo.
Boom. Tragó.
Al día siguiente....
N: Hoy tampoco trajiste el pelo.
A: Ya, es que lo perdí.
N: ¿Qué?
A: Que se me perdió. ¿Tú nunca lo perdiste?
N: No, yo lo tengo bien pegado. Para perderlo tengo que tener un pelo de mentira y el mío es de verdad.
Solo por esto, ya mereció la pena.